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lunes, 24 de noviembre de 2014

Otoño en la dehesa del Camarate. Lugros



Se podría decir de esta dehesa del Camarate que es lugar remoto, oculto y aislado. Y que lo es no por una sino por varias razones que se superponen como sucesivas capas protectoras

Tiene Sierra Nevada casi 180.000 ha.  Es tan extensa que dentro del parque natural hay un parque nacional que es, a su vez, el más extenso de los parques nacionales. En este espacio tan grande y junto a los más nombrados, hay rincones escondidos y abandonados, poco o nada vistos, escasamente conocidos y visitados. Las comunicaciones no son siempre el motivo del desconocimiento. Hay pueblos que estando protegidos por kilómetros y kilómetros de curvas y curvas están  concurridos hasta la saturación. Aparentemente aislados, son poco o nada rústicos, mas bien cosmopolitas, habitados y visitados por gentes de medio mundo.


Lugros no es de esta calidad sino de la contraria. Con buenas carreteras, a poniente de Guadix, es pueblo pequeño y remoto, de la España profunda y olvidada. Su nombre y existencia son casi universalmente desconocidos.

Es el Camarate un secreto muy escondido

Refugiado en los barrancos

Bajo el Picón de Jerez
Poco antes de entrar en Lugros, un camino de tierra lleva hasta la cancela que cierra el paso a la dehesa del Camarate. Es finca extensa, dedicada hasta hace poco a la ganadería de lidia. Todavía es para muchos no un enclave natural sino lugar de toros. Buena parte de los  pocos que conocen  el Camarate lo asocian a sitio peligroso al que no conviene ir. Se reduce aun más el público potencialmente interesado en este monte.

Área de reserva del parque nacional
Ya no es ganado bravo


Cercas y puertas para el ganado


espesuras
 
en las que como cabras pace el ganado

La última línea de defensa es su acceso. El camino de tierra que lleva al Camarate es un camino infernal, de muchas piedras y poca tierra, de hoyos y tajos por donde cruzan las escorrentías. Un camino imposible para los coches no especializados. Si se opta por hacer esta pista andando, se le añade a la ruta casi 4 kilómetros de ida con su vuelta de otro tanto. Alargamiento monótono que apenas aporta más que cansancio y aburrimiento. Como no todo el mundo dispone de vehículo adecuado, se reduce aún más el número de potenciales visitantes.

Quizás por suerte para su conservación, es lugar de muy dificultoso acceso.


Respecto a nuestra excursión. Desde la puerta de entrada hasta las alturas en las que desaparecen los árboles hay unos 6 kilómetros de ida,  casi seiscientos metros de desnivel. Distancia muy cómodos de andar porque, paradójicamente, más allá de la puerta que impide el tráfico rodado, la pista es magnífica de trazado, piso e inclinación, muy costeada de construcción.

La cancela que corta el paso motorizado


Los primeros contraluces

un camino cómodo



La semana anterior sufrimos lluvia, viento, frío y niebla (enlace) y unos días después el día es soleado y casi caluroso, a ratos casi de manga corta. Es  raro este otoño. Nunca hubo otro igual. Al menos desde la última vez en que hubo un otoño templado que fue uno de estos últimos años.

Nada más cruzar la cancela que corta el paso motorizado hay unos  corrales, hoy vacíos,  y una ermita abandonada que ocupan el estrecho y extremadamente umbrío barranco por donde corre el río Alhama; afluente del Fardes, que lo es a su vez del Guadiana Menor y este del Guadalquivir. Nace en la base del Picón de Jerez. Y por aclararlo ya: sigue habiendo ganado pero no es el de lidia es de comer y tiene un aspecto apetitoso. Pero que no sea bravo no significa que no sea montaraz y que amedrente simplemente con una mirada o con un gesto, como el de la madres que se incorporan para interponerse, con gesto serio, entre su ternero y el hipotético peligro caminante.



La ermita abandonada de la ganadería

Buen camino

Arrancamos a andar

las umbrías del río Alhama

tiene buen trazado y desnivel suave la pìsta
Dicho todo lo anterior es necesario precisar que la dehesa del Camarate, más allá de la cosa taurina, destaca por la cosa vegetal, la cosa del ecosistema. Su soledad y despoblamiento ha permitido la supervivencia de un bosque caducifolio magníficamente conservado. Es raro y especial por su buen estado pero también por su latitud: es paisaje de un tipo que habitualmente se asocia con el norte y con el Atlántico. Por eso sorprende en el sur y a pocos kilómetros del Mediterráneo y la costa africana.

El bosque es un gran robledal de melojo salpicado de arces, cerezos, quejigos y mostajos. Todos ellos de hoja caediza. Por debajo de los árboles hay majuelos, rascaviejas, agracejos y escaramujos. Conforme se gana altura aparecen los piornales y nebrales y en los bordes y solanas encinas, praderas en los claros del monte. Toda esta vegetación ha estado aquí desde siempre. Poca o ninguna repoblación hay, no hay pinos ni chopos ni nada por el estilo. Es una suerte de exposición vegetal, de museo.

Bosque de robles melojos


caminando entre robles

hojas de roble
hojas de arce

Entre los robles, un arce
Uvas de agracejo y detrás escaramujo (tapaculos)

Las últimas hojas del cerezo
En las solanas las encinas se entremezclan con los robles
Un mostajo o serbal

fruto del mostajo

Más frutos que hojas le quedan al mostajo
Arriba van faltando los árboles y aparece el piornal

Nuestra ruta, haciendo caso a la advertencia del cartel de la entrada (y sin otro remedio porque nos obligan las cercas que se han levantado últimamente), se ciñe a la pista principal. Conforme vamos subiendo se abre el horizonte; al frente aparecen las nieves y el Picón de Jerez, el primero de los tresmiles; a la espalda los llanos de Guadix y las cárcavas de tierra roja que perfilan los valles rehundidos, plantados de melocotoneros y alamedas.

En esta parte alta hay un tentadero rodeado de nogales,  serbales y magníficas vistas. Hoy está abandonado y es arqueología taurina pero conserva chiqueros, burladeros y hasta un pequeño palco. Con gran valor y arrojo nos fotografiamos en sus medios.


cortijo del Camarate

Ovejas, vacas, prados...

Detrás de los mostajos se ve Lugros, Polícar, Beas y Marchal. 

Picón de Jerez


El antiguo tentadero

En los medios

Pasas, nueces y pistachos en el descanso

Empezamos a bajar
A poca distancia del tentadero hay una pequeña tejeda y en ella un tejo de buen tamaño y antigüedad, escoltado por un roble y un mostajo. Junto al roble un pequeño plantón que, si lo dejan sobrevivir, será dentro de unos cuantos siglos el nuevo tejo viejo de la tejeda.

Para llegar hay que desviarse unos metros y andar por terreno abierto, relativamente fácil excepto en la zona de desprendimientos. Se dan porque en determinadas partes rezuma agua que por las noches se hiela. Sobre el hielo resbala la tierra que, empujándose una a otra,  termina por echar grandes masas de barro ladera abajo.

Buscando la tejeda

El viejo tejo

el tejo chico


Paso embarrado

Volviendo al camino
Es como se decía arriba, un bosque infrecuente por aquí. Según cuentan, es  tupido y refrescante en verano y hermoso en primavera cuando florecen los cerezos. Pero por ser caducifolio tiene sus mayores glorias en el otoño. Incluso en otoños como este de 2014, raro con ganas, y que tiene desconcertados a los árboles.

Buscando el otoño del Camarate nos fuimos para allí el veinte de noviembre. Quizás ya un poco tarde. Los cerezos había perdido casi todas las hojas, los arces bastantes de ellas pero estaban en todo su esplendor robles y serbales.

En otoño el Camarate es ante todo color. Hay dorados absolutos junto a tonos rojos, ocres, pardos, y grises en los árboles desnudos que ya han perdido la hoja. Son colores húmedos en las umbrías, brillantes en las solanas, lechosos en las alturas.


Por suerte, el día no estaba cubierto ni lluvioso porque si así hubiera sido se habrían saturado tanto de color las fotografías que parecerían retocadas e irreales por exageradas.












Y una gran alegría que teníamos ya de vuelta en el coche, camino de Lugros, de la cerveza fría y la panceta caliente. Íbamos botando dentro del coche al ritmo de los baches y saltos del camino, chillando y saltando como críos a la busca de nuestro premio.


Comimos en el Bar Mariano, en la plaza der Lugros, a 1.250 metros, al aire libre y casi a finales de noviembre... Lo hicimos bastante bien y a buen precio, olvidando experiencias antiguas poco afortunadas (en semejante secano nos pusieron una tapa de sardinas, tiesas y sequerosas). Echamos allí un buen rato comiendo, bebiendo y discutiendo, rodeados de pedigueños: perros, gatos y alguna avispa despistada que no se había enterado del mes en que vivía. Lo mas destacable fue el melocotón en almíbar casero, muy rico. También un buen güisqui servido en copa de coñada. El vino, del lugar, no estuvo malo.


Queso en aceite. Hubo además lomo, tocino, morcilla, chorizo, tomate y jamón

Un lugareño pedigüeño

Melocontón en almíbar de su madre del bar (se nota en el corte que no es industrial)

Ya bien comidos y bebidos, nos acercamos a Polícar para visitar las bodegas Vertijana. Son pequeñas, limpias y modernas,  nos atendieron con amabilidad. Y nos llevamos unas botellas para catarlas tranquilamente en algún alboroque prenavideño. Ya veremos como resultan, seguro que bien.




Volviendo a Granada ya anochecía


3 comentarios:

  1. Vicente me encanta las fotos y lo bien que lo explicas todo un saludo..

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  2. Magnifico el reportaje tanto en su imagen como en el texto, Sobresaliente día.

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  3. gracias sois muy amables, me alegro de que os guste

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